Sus temblorosas piernas abren paso una vez más a sus manos. Sí, esas manos que alguna vez fueron suyas. Lentamente posiciona su cuerpo junto al de ella. Sí, ella, la que alguna vez fue suya.
Él sonríe mientras sus dedos juegan a enloquecerla. Cada beso calla un grito, más no un gemido. Son esos momentos en los que ella se pregunta si su corazón realmente está en su pecho o está en las manos de aquel que con profundidad intenta tomarlo.
¿Para qué existen dos manos sino para recorrer el cuerpo de la persona que se ama?
Sus manos protegen los senos de aquella mujer que alguna vez logró domarlo y utilizando su lengua como arma mortal, destroza sus pezones proclamando libertad.
Ella intenta que los gemidos se queden atrapados con cautela en las cuatro paredes que les rodean. Pero éstos solo logran el cometido que ella desea, excitarlo a tal punto que necesite poseerla.
El cuerpo de ella es el lienzo perfecto para construir y destruir la mejor de sus obras. La espalda de él, es la hoja perfecta para escribir poesías con tinta imaginaria.
La toma por el pelo y ella por el cuello. Se miran profundamente y descubren sus más oscuros deseos, aquí sobran las palabras. Ella se sienta en él fundiéndose entre besos. No pueden detenerse, como toda obra, el show debe continuar.
Cada vez más profundo, cada vez con mayor intensidad. La pasión se hace presente y queda atrapada en dos cuerpos sudorosos que no saben otra cosa más que amarse.
Ella abre sus ojos, jadeante y temblorosa. Las lágrimas que se asoman por las cortinas de su iris no son de amor y mucho menos de tristeza, son de pasión.
El cielo manda lluvia, como si eso pudiese apagar el fuego entre sus piernas. En el vacío de su cuerpo intenta recrear una y otra y otra vez; Los días, las tardes y noches que pasó a su lado.
Soledad se mete atrevidamente entre sus sábanas y acaricia su cabello. En su mente intenta recordar a aquel hombre, que con besos y caricias logró confundirla hasta preguntarse dónde quedó el corazón.
¿Cómo es posible, que en la soledad y sin él es cuando más le desea?
Los días pasan y las ansias de sentirse suya comienzan a devorarla, más lento de lo que le gustaría. Recuerda su rostro y su olor al amarla.
Ella sigue caminando hacia él, su único destino. Intentando encontrarlo en aquel momento perdido que debió ser eterno.



