No hay mucho que hablar, ni miradas fugaces que maquillan de indiferencia la memoria sin enterrar.
No hay nada que explicar, ni argumento que interese, ni pelea por ganar… Ni una sola memoria sin crucificar en nombre del resentimiento.
No hay mas amargura, no hay mas desdicha. Se ha disipado la censura que saboteaba a la madrugada el sabor a pesadilla del recuerdo.
No queda ni el mismo reflejo en el espejo que solía verse entonces. El traje que una vez use, hoy me queda corto. He crecido… He crecido.
Por eso quiero barrer el polvo bajo la alfombra, y amarrar con catarsis las palabras que nunca fueron pronunciadas, para dejar descansar el alma… Para dejar fluir el karma.
Si en algún momento la impotencia me hizo pintar con el hígado el escenario del ocaso y arañar el recuerdo hasta desfigurar su esencia, hoy dejo expuesta la herida del perdón no comulgado para que no vuelva a infectarse jamas.



