Blanco.
Blanco.
Fugaz destello negro. Un rostro dibujado en el.
Blanco.
Blanco.
7 a.m.
En una habitación poco ventilada, con diferentes catres adornados por viejas fotografías en las paredes aledañas:
El alba hace su triunfal entrada por un agujero en la pared. Su presencia incomoda un par de parpados-pellejos-palpebrales arrugados que yacen sellados. Poco a poco una imagen difuminada de lo circundante reaparece.
<El arrullar de las palomas se percibe a la distancia>
Otro día más en el asilo.
Noventa grados a la derecha, 15 pasos hacia la puerta, dirigiendo la visión en ángulo recto a la izquierda, sobre el corredor que conduce al patio principal:
“Toc – toc – toc – toc” Unos gruesos tacones resquebrajan el silencio de aquel santuario. El caminar acelerado de la enfermera se entremezcla con el sonido de los palomares que espantados alzan vuelo.
- ¡Es hora de su medicina matutina!
<Acentúa la mujer de blanco, mientras abre con su mano derecha la desdentada boca de la paciente>
-Levántese rápido que no solo a usted debo bañar. No tengo tiempo para sus quejas porque hay otras veinte viejas que de sus miserias físicas yo me debo encargar. Hoy quiero solo sonrisitas, porque es día de visitas así que feliz y tranquila la quiero mirar.
-¿Pero si a mí nadie me visita?
<Balbuceó la anciana>
-Mire viejita, si no la visitan no vaya a llorar. No se haga la pobrecita que si arruina la visita la voy a encerrar.
8:30 a.m.
Un gélido baño mañanero termina la labor de despertar a la anciana. Una fría guacalada tras otra. El tembeleque y calavérico cuerpo resiste… una vez más.
9:15 a.m.
<Una silla de ruedas es empujada a lo largo del estrecho corredor, el que conduce al patio principal. Un grueso vestido negro se deja ver por la parte posterior de la impelida silla>
-Aquí le toca.
<Dice el enfermero a cargo>
-¿Podría dejarme donde el sol no sofoca?
<Suplica la anciana>
-Repito. Aquí le toca, así que hágase la loca y si el sol la sofoca solo cierre la boca.
9:30 a.m.
<Las palomas vuelven. Los sanates toman un baño en la fuente del jardín central>
9:45 a.m.
El viento sopla cargando consigo el nostálgico humus matutino amalgamado a tanto vívido recuerdo, a tanta experiencia, tanta sabiduría, tanta memoria de la cual aún permanece el sentimiento mas no el color, no la visión, no el sonido, no el habla… no el pulso.
Ha comenzado la eterna rutina del aquejo, del insomnio, de los fármacos; del aquejo, del dolor, de la ansiedad; del aquejo, del frío, del miedo; del aquejo, del olvido y la soledad.
10 a.m.
-Esperar. Esperar. Esperar. ¿A quién esperar? No sé si esperar. Esperar. Esperar. ¿En silencio esperar? Que importa. Esperar. Esperar. Esperar. No queda más que esperar, esperar y esperar…
<corea don benjamín. El más loco de todos.>
10:15 a.m.
<El reloj parece no avanzar>
10:30 a.m.
Un grupo de jóvenes voluntarios ingresa al recinto. Con sus semblantes alegres y agradables conversaciones parecen iluminar aun más la mañana. Carcajadas, platicas, saludos, bromas, regalos… parece tan familiar.
10:40 a.m.
Uno de esos jóvenes camina por el aislado paredón norte del patio central, pasando junto al enchamarrado-cobijado-enguatado bulto. La anciana.
<La anciana sostiene inerte una vieja taza plástica con residuos de pan y café que eventualmente regala a los plumíferos>
El joven la ve y busca una enfermera:
-¿Por qué está ella tan sola? ¿Le puedo yo platicar?
-Está loca, atención no le preste, que con los animales ella dice hablar. A ella nadie la toca, no solo por su peste, sino que por momentos se aloca y se pone a gritar.
<Dijo la enfermera mientras se retiraba>
El joven calla. La ve de nuevo. Le sonríe y se aleja.
“Ring – Ring Ring – Ring” el viejo despertador no deja de sonar. La dama de negro se pone de pie y mira a su alrededor. Reconoce su vieja y polvorienta habitación.
-La noche ha cruzado mi habitación sin saludar ni despedirse. Como siempre, viene y me hace recordar para luego de mis desgracias reírse.
<Ella pensó>
Camina tranquilamente a su desgastada silla debajo de aquella, la repisa vacía.
<Una pequeña descarga eléctrica colisiona en su cerebro>
-El cuervo ¿Dónde está?




La magia de la descripción esta presente
poder estar ahí en pensamiento y espacio, creo que logra transportarme para poder experimentar un sentir duro, real e irreal a la vez. Los diálogos internos y externos que ayudan el libre acceso al sentido de profundidad y esencia literaria.
Por otro lado existe un nexo sutil y misterioso entre cada parte del mismo relato (1,2 y 3) y eso me parece interesante; en cada uno se presenta exactitud física que rara vez he experimentado.
Desligándome de todos los aspectos técnicos y demás recursos utilizados que puedo mencionar, creo que pude leer las líneas (y entre ellas tambien) y me gusta mucho la temática un tanto enigmática.
1 beso corazón (k) continua inspirándote
me encanto
QE PARE ES LA OBRA DE LA DAMA DE NEGRO