Estaba allí, sentada y con la vista perdida. Parecía que examinaba cada rasgo de la pared, cada mancha, cada grieta, cada historia escondida. Distante, absolutamente alejada.
Las personas que se encontraban en la misma habitación paseaban y reían ruidosamente entre ellas, lo único que sentían de aquella extraña, era el calor que su cuerpo emanaba.
¿Qué hacía allí? ¿Acaso la conocían? Todos la veían, todos mostraban curiosidad, todos tenían las mismas dudas; sin embargo, nadie las presentaba, nadie comentaba, nadie veía más allá de lo que querían ver.
Las damas se pavoneaban elegantes y sutiles haciendo gala de sus mejores atuendos. Ella seguía allí, inmóvil, su vientre se contraía cada cinco segundos a causa de su respiración; ese vientre cubierto por un vestido negro, floreado con impresiones de tulipanes. Vestimenta algo descolorida, uno que otro hilo colgando, y ¿Esos tulipanes? Parecían marchitarse, en parte por el evidente desgaste de la ropa, en parte por la nostalgia que reflejaba su mirada.
La mano sobre la frente, una frente con aspecto pegajoso debido al sudor seco; las rodillas presionadas entre ellas dejando entre los pies un enorme espacio (pose que exhibía cierta incomodidad), codo sobre el descanso del sillón, pelo suelto extremadamente lacio dejando expuestas algunas canas. La vida pasó por ella, pero ella no pasó por la vida.
Un mundo a su alrededor, y ella seguía siendo su propio universo. Un ambiente ruidoso, olvidando aquel gusto oculto que sentía por el silencio. Esa fémina que llevaba el pasado a tuto, no estaba consciente que de sus ojos brotaban estrellas y que de sus exhalaciones se desprendían claves de sol.
081009

Me gusto bastante.
Linda escena.