Escribir sobre uno mismo es difícil, realmente difícil. Empieza uno por contarle al mundo sobre la fecha de su concepción, y sobre como fue que dolorosamente nuestra madre nos dio a luz, asunto que se torna un tanto complejo si es que no se está familiarizado con la jerga de los obstetras, pero igual se hace el esfuerzo con la prosa, y si no se tiene la fluidez necesaria se recurre a la elocuencia de una representación dramática.
La madre suele intervenir en el acto, acta en mano, leyendo en voz alta: “A las tantas horas del día equis del año mil novecientos noventa y pico, nació fulanito de tal, pesó cierta cantidad de libras, midió unos cuantos centímetros y lloró no sé cuántas veces”, acto seguido desaparece, dejándolo a uno con ciertos sentimientos encontrados.
Luego de haber superado la etapa natalicia, se viene el momento de describir la infancia, si es que se tuvo alguna. Se empieza relatando cuáles eran los juegos de moda en esa época, la cantidad de amigos que se poseía, fueran reales o ficticios, los grados alcanzados en las distintas batallas de cohetillos cada diciembre, enumerando de igual manera las tantas veces que se intentó alcanzar la copa del aquel limonar altísimo en el jardín, cosa que nunca se consiguió pero dejó de muestra cantidad exagerada de cicatrices. ¿Y la educación temprana también se viene en la colada? Viene también y atormenta… porque así se van recordando los rostros alargados de aquellos profesores severísimos, cosa que lo deja a uno un tanto abrumado.
Si se tiene la dicha (¿o desdicha?) de contar con hermanos, se recuerda también la cantidad de diabluras realizadas con ellos, para ellos, o contra ellos, es realmente pintoresco este épico momento.
Se sigue subiendo la escalinata imaginaria de esa loca vida, y se llega a los dominios de la adolescencia. De súbito vienen a la mente los febriles pensamientos que se creían olvidados, y uno trémulo, no se sabe si por la emoción o el nerviosismo, comienza a sonrojar. Aquí es que se descubre que el sexo opuesto en realidad nunca fue nuestro enemigo jurado, como solía repetirse en la época anterior, y viene uno a encerrarse en intrincadísimas crisis existenciales, alegando a beneficio propio la incomprensión del mundo entero. ¿Y qué pasa luego? Conforme se avanza se descubre que la problemática era más simple de lo que parecía, cosa difícil de aceptar.
Se sube un peldaño más, se llega al altar de la madurez, y las penas en la etapa anterior ahora parecen de lo más vanas. Se conoce al enemigo por excelencia de esta época, el famoso estrés. Se trabaja, se casa, se reproduce, y se llora, a veces por la incomodidad del estilo de vida, tantas y muchas otras por la felicidad de haber creído alcanzar la plenitud del ser.
Si es que la vida ha sido generosa con uno, el cabello poco a poco encanece, los dientes se caen y son sustituidos en su papel por extrañísimas prótesis, los anteojos adornan ahora el rostro, la piel ya no posee la misma elasticidad de antes, y la cavidad abdominal aumenta considerablemente si no se cuidó uno anteriormente.
Los sonidos ahora se traducen en estruendo, la luz es enemiga primordial de nuestros cuatro ojos, los fármacos van de la mano de nuestras dolencias, y los nietos preguntan por qué me encuentro hablando solo…

Peter y su ingenio…. ¿Porque se encuentra hablando solo? Intentar escribir una autobiografía es dificil, pero a la vez, es un buen ejercicio, tanto literario como espiritual, hacerlo nos hacer rescordar tanto, revivir experiencias, aprender de nuestros errores, y reconocer cuanto hemos cambiado… y acompañando a todo eso, van las sonrisas y las lágrimas. Peter, me hiciste recordar mis tiempos de niña buena… los juegos, el colegio, mis amigas…. Espero, espero, poder llegar al punto al que llego este personaje, hablando solo, porque quiero acumular muchos más recuerdos….
Creo que aún no he llegado al punto en el que logre describirme tal y como soy, tal vez falten adjetivos, o tal vez use muchos… no lo sé.
Me alegra haber despertado en vos esos recuerdos, Ana. Hay que hacer una introspección de vez en cuando, creo que nos sorprenderá echar un vistazo ahí dentro.
Peter el confeti de ideas, de una obra musical a una reflexion un tanto filosofica. Me gusto el final, pero siento que te quedaste con ganas de decir mucho mas de lo que aca escribiste…
Gabs, de hecho tienes mucha razón con lo que dejé inconcluso… será una de las cosas que pondré en pendiente.
Muchas gracias por el constante interés.
El mejor compás del hombre lo hacen los seres que le rodean, ya que son ellos quienes quienes marcarán tu tendencia, si vas al Norte o si vas al Sur…
Hay mucha gente que piensa que no importa el que dirán, que uno tiene un estilo propio, pero si esto fuera asi, cual es el punto de publicar en este blog si nadie más va a opinar, si nadie más va a corregirte o compartir una idea sobre tu idea… Lo importante es ser constructivo, pero sincero.
Es mi humilde opinión.
El hombre, como ser sensible, no está exento de todo cuanto pasa a su alrededor. Por eso el estilo que se posee evoluciona al mismo tiempo que uno lo hace, está en una constante transformación de acuerdo a las circunstancias del entorno.
Lo que uno haga con su obra realmente no es algo que se tenga previsto, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar…”, es algo que crece y se extiende a lo largo de toda nuestra existencia, afectado por lo externo e interno.
Lo que más se aprecia de una crítica, sea buena o mala, es la sinceridad. Esa opinión le da al autor una idea clarísima de lo que las demás personas creen sobre su obra, y le impulsan a seguir y seguir creando, le enseñan a ser mejor.
Uno aprende más de los errores que de las propias victorias.
En nuestra cultura, estoy de acuerdo Gabs, pero también hay ermitaños en la India o monjes Budistas en el Tibet que sienten tal rechazo por la vida en sociedad que optan por aislarse el resto de sus vidas. Por eso asumo que todos tenemos dentro de nosotros el potencial desarrollado hasta un grado individual que nos permite tomar o dejar las influencias de nuestro entorno. No sé, honestamente, asi lo veo… jeje.
Está bien tomar un poco de lo que los demás dicen para corregir algunas cosas en nosotros mismos, pero no tenemos por qué hacer de ello un credo inexpugnable, ello sería atentar contra nuestra propia libertad de decisión.
La vida de uno, la vive uno, no los demás; el verdadero hombre sabio será anuente a los consejos y críticas de sus semejantes, pudiendo sacar provecho de las mismas, para así lograr transformarse en alguien mejor.
Nadie juzga la liberta de decidir, sin embargo, lo que decides no es más que la sántesis de lo que se capta del ambiente “El hombre, como ser sensible, no está exento de todo cuanto pasa a su alrededor.” Por esta razón, nadie es capaz de formular una idea sobre algo que no existe, sin basarse en algo que ya existe.
Un estilo no es más… Que la interpretación de como vemos el mundo, un mundo que hacemos junto a quienes nos rodean. Si nosotros cambiamos para bien, habrán personas que nos seguirán y que mejorarán lo que hemos sembrado por ende mejoraremos el mundo en el que estamos Pero si todos hacen su voluntad y nadie comparte sus ideas…. Viviremos en un mundo egoista, un infierno terrenal. Por eso, ser sincero es importante, más aún, ser sincero y respetuoso. Es lo que pienso
Gabs, tienes mucha razón. Lo que me es un tanto curioso es que cites como ejemplo al razonamiento de Berkeley, baluarte del idealismo. Creo que yo me inclino un tanto por el existencialismo…