<Negro… todo negro, oscuridad total, completo vacío, distancia invisible. A lo lejos se oyen carcajadas… risas provenientes de un diminuto ser circundadas por eco… es un bebé. Un destello muestra de forma borrosa su angelical rostro que se aproxima… se aproxima… cada vez más, se aproxima… tocando con sus manos cuanto puede, se aproxima… para dar un cálido y húmedo beso>
La Dama De Negro
Cae la tarde inusualmente vacía sobre las calles de la ciudad. El ambiente, cargado de memorias, con ensordecedor silencio parece dormitar los cuerpos de las aves-alados-pájaros- al nostálgico compás del viento. Bajo el cielo gris precedente a un estrepitoso aguacero, un tierno sollozo el silencio aniquila dispersándose a través de las ventanas de una antigua vivienda; lugar que de alegres sueños fue cuna, más ahora allí los mismos se retienen como maldición.
En una habitación: En la esquina junto a la ventana yace una repisa vacía donde anteriormente reposaba la muñeca parlanchina, el olvidado oso de felpa y el soldadito de plomo, que de vez en cuando cobraron vida entre risas y juegos por el milagro de la infantil fantasía; apreciándose todavía las marcas del tiempo en la madera que dan testimonio de su progresiva ausencia después de una larga estadía.
Desviando la visión 5 grados a la izquierda y 2 hacia abajo: A la sombra de dicha repisa, se dibuja una dama vestida de negro, coronada con una capucha de encaje blanco. Una anciana. Con el rostro hacia la ventana pierde su mirada en un estático cuervo que duerme, mientras ella en la silla mece su cansado cuerpo…
< ¡El silencio irrumpe de golpe! ¡El tic-tac del polvoriento cucú detiene su marcha! un torbellino de imágenes psicodélicas cruzan la habitación congelando el tiempo> “Pluc… Pluc…” una a una, lentamente caen gotas de lágrimas sobre la retorcida duela enjuagando el polvo. La dama de negro hace una pausa… y suspira.
Reanudando el cucú su marcha: Se escucha el agudo chillido de la silla mientras ella lentamente se pone de pie. El sonido de su calzado deja tras de sí un eco casi imperceptible. Deteniéndose a media habitación ve hacia un lado, estira el brazo, y toma de un estante una cajita musical de cuerda en cuya tapa reposa un descolorido payaso de trapo y porcelana.
< ¡El eco de sus zapatos se desvanece! ¡Los primeros cristales de lluvia descendiente quedan inmóviles en el espacio! sumiendo el universo en completa pausa exceptuando sus dedos> “Trac… trac-trac… trac…” el sonido de los oxidados engranajes de aquella cajita se apaga ante la tétrica melodía de su interior, mientras su ilustre huésped comienza una cíclica-repetitiva-monótona- marcha de 360 grados contagiando el vacío circundante con un bizarro aire burlesco.
El universo recobra su movimiento: Dejando a un lado la cajita, lentamente se inclina para abrir un apolillado baúl olvidado bajo aquel estante. Mientras lo abre con una mano, quita con la otra la telaraña que resguarda en su interior un fino marco tallado…. Es una fotografía.
Al verla reconoce familiares siluetas en las que resaltan tres pequeñas e inocentes sonrisas. Pareciera que aquella cálida fotografía de forma misteriosa templa el gélido cuerpo que la contempla… La dama de negro tuerce una sonrisa a medias, y el agua salada una vez más recorre sus mejillas.
7 pasos hacia la ventada, 30 grados hacia arriba y 10 metros hacia afuera:
<Un ojo animal se abre>
En el exterior, el sonido de la cajita musical se ha expandido carroceado por el viento, obligando al cuervo a despertar de su letargo. Rompe su estática postura moviendo sus alas e hinchando el pectoral-buche-pecho- dirigiendo su mirada hacia la ventana a través de la cual divisa la silla vacía.
<El ‘ahora’ gira frenéticamente mientras se escucha de forma invertida el sonido proveniente de la cajita musical con intervalos de silencio total. El plumífero queda inmóvil con las alas extendidas>
30 grados hacia abajo, 10 metros hacia la habitación y 7 pasos hacia el estante: Contemplando casi de rodillas aquella vieja fotografía, está la dama de negro recitando entre dientes una amarga poesía. Entre recuerdo y melancolía, puede casi palpar frente a ella los angelicales fantasmas danzando en círculos y entonando la conocida melodía que solía anunciar la llegada a casa después de la escuela. La desconsolada mujer sumida en retrospectivas, siendo asaltada furtivamente por ‘flashbacks’ que espantan su equilibrio mental, ah llegado al último punto de encuentro entre realidad y fantasía, donde la cordura sin ningún motivo de ser… se transforma en dulce locura.
Y cae la noche…
Muriendo el silencio, renaciendo el caos:
<El abrupto sonido de un relámpago-centella-rayo- rompe el silencio inundando de lumbre hasta el último agujero en la habitación>
“¡GRRRHH!”… El estruendo sacude el suelo, la mujer rápidamente voltea su cuerpo dirigiendo una espantada mirada hacia la ventana mientras… “¡GRRRHH!”… Pasada la lumbre, una alargada sombra aparece, haciéndose más pequeña a medida que aproxima la visión a su origen… “¡GRRRHH!”… El cuervo yace parado, inmóvil como una piedra, soberbio, frente a la ventana.
Pasado el estruendo… ¡silencio!
Todo es…
Nada más…
Silencio…




Francisco, te felicito por esta historia.
No sé si ya habías utilizado este estilo, pero se nota la evolución que ha tenido el texto, que presenta más solidez y profundidad. Lográs crear una atmósfera obscura, melancólica, donde los seres obscuros, la música tétrica y uno que otro susto pueden aparecer. Creo que esto bien podría catalogarse como los inicios de un cuento de terror o suspenso, pues tiene los elementos necesarios.
¡Muy buena!
Me gustó un montón que experimentaras con elementos nuevos. Me pareció muy llamativa la forma en que pusiste las negrillas; a veces he pecado de distrído y con esto realmente se facilita la lectura. Es la primera vez que veo los guiones para unir más de dos sustantivos y no adjetivos. De verdad te felicito.
Que bueno que les guste el texto muchá,
de veras, gracias por los excelentes comentarios.