Es un tanto misterioso, el asunto este, pues las opiniones divergen en todos sentidos. Siempre me he preguntado qué tanto grado de consciencia sobre su alrededor tengan las personas que están recluidas en institutos de salud mental. Un psicópata, un sociópata, un esquizofrénico y hasta un hipocondríaco, ¿qué torbellino de ideales, miedos, sueños y remordimientos revolotearán dentro de su mente?
“Cada cabeza es un mundo”, es un hecho. La naturaleza se vale de la diversidad de sus individuos, para conformar toda una gama infinita de saberes, olvidares, pensares y actuares. Me sorprenden las infinitas posibilidades de las cuales fue dotada la mente humana. La misma noción de autocrítica es la que rige como eje central del motor… el subconsciente.
Soy de la idea, que la genialidad va de la mano con la excentricidad, pues tiene una noción distinta de lo que la realidad es, y no se fija en lo superfluo de la cultura pop global. Cierto es que la gente tilda de bicho raro a quien tiende a ir en contra de sus ideales preestablecidos… hace falta sinceridad en este mundo de máscaras, ¿por qué las poses y las sonrisas alquiladas? De nada le sirve a nadie una mentira maquilada.
Velemos por la autenticidad de nuestras personalidades, la genialidad está implícita en aquella persona que se pronuncia en contra de lo que la sociedad da por inamovible, los tabúes son excusas al miedo que ha existido desde siempre a lo desconocido.
Es genial, aquel para quien las ideas descabelladas, son el pan de cada día.
