La orquestina extraña de sonidos inaudibles escuchando, pulsiones obscuras en la psique sintiendo, venenosas bayas del conocimiento olvidado en los jardines mentales del Edén ingiriendo, partículas de polvo estelar danzar al filo de los ojos observando, efigies cerámicas en mausoleos calcificados coleccionando. Reverberan las voces del pasado en un presente algo confuso, se pierden los colores del caleidoscopio en un resplandor difuso, las moléculas dispersas del universo uniéndose en armónica parsimonia, alquímicos símbolos antaño poderosos despertando ahora del letargo.
Asaltando los exiliados espíritus del mundo, al hombre con febriles curiosidades un tanto mortales, aunando su alma al inframundo, alienando su consciencia, profanando la ciencia, corrompiendo entero al mundo. Implantando semillas de caótica irrealidad en su mente, transformando a inofensivos temores en virulentas fobias monstruosamente.
Carcomiéndole el seso la demencia maldita, inyectando letales dosis de ficción hasta los confines más guardados de su subconsciente, fluyendo por sus venas el bruno veneno, haciéndole caer presa del miedo.
Amedrentado por veces con la propia sombra, huyéndole al propio reflejo por hallarlo metamorfoseado en demoníaco antagonista intimidante, invadiéndolo legiones de fantasmas en llamas, abrumado por danaides y deseos homicidas, trémulo y solo por temor a quimeras de negros desiertos.
Ya socavado el seso, la decrépita razón se autoflagela en el altar de la incoherencia y herida se lanza al obscuro y bullente caldero de la incertidumbre, transformándose así sin lumbre, en delirio mortal. Lo absurdo es el pan de cada día, intermitentes son las alucinaciones al pobre demente, paranoia, confusión, cócteles de melancolía.
El detrimento de una mente a ritmo acelerado, echa por la borda el equilibrio psíquico del afectado, torcidamente transformando la realidad en un terrorífico episodio de anárquicas dimensiones. Invierten su esencia las cosas en atmósfera retorcida, el cauce del tiempo y sus paralelismos se transmutan en tragicomedias mal representadas. Se pierde el sentido consciente de la vida… se gana un universo inexplorado.

No lo entendía hasta que llegué a la última linea. Me gustó bastante. Supongo que el Homo poeticus encaja… ¿no? hahaha.
Me estoy poniendo al día…
Delirar, paranoia…. ¿esas palabras te gustan no? Pero tenés toda la razón, y es que somos nosotros mismos, los seres humanos, los que creamos nuestros propios monstruos, por medio de aquello que nos puede llevar tan lejos, nuestra imaginación, creamos nuestra propia condena, si vemos la evolución humana, el trabajo realizado en este blog, o a un niño jugamos, percibimos lo mismo. Siempre disfruto con tus descripciones…
El delirio, la paranoia, las manías, los TOC… todo ello forman parte de la retahíla de cosas que el hombre aún no conoce a cabalidad. Digo esto porque una cosa es estudiar sobre ello y conocerlo, y otra totalmente distinta es el vivirlo en carne propia.
Alguien dijo alguna vez que la realidad era meramente subjetiva, un reflejo de los efectos físicos de las cosas sobre nuestros sentidos. ¿Será verdad?
Muchas gracias, Ana.