Y el último sol se ocultó en la delgada línea que separa al cielo de la tierra, allá en el horizonte se observaron sus últimos rayos, y fue así la humanidad completa cubierta por un manto de sombras. Halláronse algunos más perdidos que otros, y cerraron sus ojos faltos de luz, y quedaron varados en la vastedad de un universo obscuro.
Con el tiempo acostumbraron sus ojos a la espesura de lo negro, y recuperaron su visión y dimensión de las cosas que los rodeaban. Los más astutos descubrieron que el firmamento estaba salpicado por luces diminutas, como un lienzo de lo más azabache engalanado por un número inconmensurable de estrellas, e idearon así un arte que les sirvió para encauzar sus sueños y paliar sus angustias, y calcaron del cielo un mágico mapa casi exacto, crearon la astronomía.
Cada cuanto, a mitad del cielo se dibuja un círculo blanquecino, cuan mágico y misterioso cuerpo celeste renaciendo de las entrañas mismas de las sombras. Luna, una luna que bañándose va en el blanco inmaculado de una luz imperecedera, iluminando hasta el más obscuro de los cielos, y van acompañándole en su comitiva, una multitud de luciérnagas siderales… son noches de plenilunio.
Un triste astrónomo, de tórax frío, sinceros ojos cafés y soñadores, manos cálidas, corazón en medialuna, es la naturaleza misma de su esencia. Recorría el espacio infinitesimal como errante viajero con destino incierto, y por veces quedaba varado en la soledad, y no alcanzaba luna alguna a coincidir en la oquedad de su pecho. ¿Cómo habría de obrar un iluso para hallar una centella que entibieciera el gélido pesar que le embargaba? A mitad de medianoche en plenilunio descubrió eso…
En un océano místico estelar de estrellas multicolor, ¡tuvo la dicha de encontrar una supernova! Con la esencia misma de la luz que hace a los corazones que tiritan de frío, encenderse en una llama de amor inextinguible. Cruzando el universo, navegando en la vastedad de siete sistemas solares y a ocho millones de años luz del origen mismo del universo, encontró la coordenada exacta de lo que buscaba… a mitad del planeta, cruzando el cielo, en una tierra cuyos bordes tocan los mismos confines del mundo, halló la luz perfecta para su lóbrego vacío…
Y se encendió en llamas la curvatura misma de su esencia, al encontrar lo que tanto ansiaba, y así los colores de su aura se llenaron de vivos matices nunca observados, y se nutrieron de esperanza las alas roídas que colgaban de su espalda, y pudo nuevamente el espíritu caído, echar a volar, cruzando los bordes antes infranqueables del espacio, con el corazón ahora ligado a esa hermosa luz… el astrónomo enamorado de la estrella.
Dicen que semeja ahora su pecho a la solemnidad de un sagrario, nacido de la magia del astro que hace a su corazón palpitar, pues en el vacío que siempre tuvo a mitad misma del tórax, guarda feroz como centinela, de luz un cirio y perfecto arco iris… una candela.

¡Como haces que mi mente vuele a lugares que no conozco! y me haces ser parte de esa unión entre el astrónomo y su estrella, su eterno querer. Muy buen trabajo.
En un pricipio pensaba decirte que el texto me parecía ingenioso, pero poco a poco me fui enamorando más de la historia, y ahora tengo que decir que es bella. Me gustó mucho.
Ana y Made… se los agradezco de sobremanera. Ustedes saben exactamente qué decir para alentarme a seguir creciendo.