Viaja por el camino de piedra que lo acerca a las casas ebrias y aún oscuras de una aldea que, acalorada, duerme sin mantos. Más y más se acerca a la hendidura entre las montañas que esconde a esta población, mientras se observa el baile de dragones púrpura sobre la cima. Tras la curva se topa con la primera puerta y tras ella otra más grande que no le deja continuar su locomoción. Su idea de esperar al amanecer se ve interrumpida por una llama que hace sombras dentro de la vivienda que protege la entrada al caserío. Decide tocar.
Al abrir, la mujer que responde al llamado sugiere que eran sus ojos quienes iluminaban la habitación. A él parece no importarle y pregunta: “¿Cómo se hace?”
-¿Qué cosa?
-Para entrar…
-Es muy temprano, no se puede. ¿No mira que por eso está cerrado?
-Perdón, perdón. Mi nombre es Ismahel, soy un afilador de cuchillos y puede que alguien me necesite por aquí. Por eso vengo tan temprano, para no atrasar a la gente.
-Yo tampoco me presenté; mi nombre no importa y soy quien guarda este lugar. Vuelva más tarde y no pretenda llegar hasta el corazón sin mi permiso.
Así fue como el viajero decidió sentarse y tomar un merecido descanso. Temió quedarse dormido frente a su destino, pero poco importó cuando aquellos tonos del alba jugaron con su adormecida mente y le hicieron pagar el precio por andar tanto a pie y comer poco. Según la leyenda original, al despertar ya no había dinosaurios ni dulces de tamarindo. Sólo estaban él, su morral desgastado por el tiempo y una puerta de seis metros de altura entreabierta que le recordaba la subjetividad que pueden tener una entrada y una salida. Hizo caso omiso a las amenazas y decidió colarse. Allá adentro era un festín de colores. Había bailarines practicando con sus zapatos de punta de cristal; tipos altos de calzado pequeño, haciendo malabares con botellas de champagne; gorilas rojos practicando capoeira en sus trajes de polyester; hasta los mimos parecían hablar ahí. Todos demasiado ocupados para prestar atención a aquel forajido.
Puso nuevamente en orden sus prioridades y decidió entrar en una venta de comida. Un mesero tomó su orden y de inmediato colocó un frasco con manías sobre la barra, justo frente a su nuevo cliente. Luego de unos minutos, un curioso que estaba sentado a la par decidió salir de sus dudas e inició la conversación. Después de varios minutos, cuando llegó la comida, Ismahel al fin preguntó sobre cómo se había convertido aquel lugar en lo que era.
-Pues no sé si te recordás del conflicto armado, vos estas muy patojo para eso, pero de todas formas te voy a contar. Cuando el rey Guillermo decidió que quería nuestras tierras, se vino con todo encima de nosotros. Como no hallábamos qué hacer, los que todavía tenían fuerza para cargar agarraron sus cosas y sus familias y se fueron colina arriba. El plan de ellos era salir al otro lado de la montaña, al lago Chiquicaba y empezar su vida otra vez. Por cierto… saber que les pasó a ellos. Los que nos quedamos acá bien jodidos tuvimos que ver a que palo agarrarnos para que no nos llevara el río. En esas andábamos peleando y medio que escondiéndonos cuando de repente, entre la bulla de los aguaceros de agua ya no se oyó nada. Yo cuando salí de mi casa solo vi a Amaya montada en el caballo del general que nos estaba atacando y a un montón de soldados chorreando sangre que se iban de regreso. Unos ya ni se regresaron por donde venían sino que solo se tiraban al barranco; saber qué gran perdida se fueron a meter por allá abajo. La cosa es que desde entonces hicimos la puerta de madera con hierro atravesado y ella vive ahí afuera solita. Nunca dijo nada. Allá se la pasa en las noches, solo viene a almorzar con su familia todos los días. Si no es así ni la vemos.
Al parecer el curioso no entendió a qué se refería nuestro héroe cuando pregunto por las extrañezas de la aldea, pero decidió no presionar para no hacer sentir incómodo al único compañero que tenía en ese momento. Además, ya habían terminado su merienda y ambos debían ir a trabajar.

¡Bastante bueno! ¿Vas incursionando en este estilo? Si eso es afirmativo, dejame decirte que vas bastante bien. Lográs hacer que el lector se enganche a la historia, y que se quede con ese “no sé qué” que le acrecienta las ganas de seguir leyendo…
Gracias mano. Estoy tratando de hacer esta historia lo mejor que puedo.
¡¡¡Te felicito primo!!! Tu forma de escribir es bastante interesante. Animo y sigue adelante. De verdad me gustó mucho…