Beso amargo matutino, despedida carente de mimo al corazón, fría mirada de oprobio que le exilia al abandono, malsano sentimiento de obsesivo amor que busca el secuestro de piel para la carencia de calor interno, corazón en ruinas…
Hallándose más sola que nunca, derrama en su herida caja torácica amargo y funesto llanto para tratar de helar ese fuego interno que le incinera. Inflamados en vivísimas llamas, memorias, besos, pesares, olvidos y quizás, hasta el mismo germen de su amor a la existencia. Suscitándose en sus adentros una rebelión pocas veces observada, la adrenalina recorriendo cada milímetro de su cuerpo, viajando en los adentros de sus doloridas venas, hervorosa sangre que al punto es derramada como lágrimas de sus ojos.
Pesadísima carga psíquica que le hace desear su autodestrucción, ¿dónde ha quedado el corazón? Si ahora sólo violentado bombea sed de venganza al cerebelo, si ahora empuja con gana al vil desenfreno. Palabrerío incoherente escapa de su delicada boca, desconcertantes gritos de dolor, la muerte va tornando lívida su faz, poco a poco va mermando el antifaz.
Ladrona, maquiavélica arpía, crueldad contenida en bello cuerpo femenino. A lo largo del organismo, tatuados en la piel y envenenándola, antiquísimos jeroglíficos de obscura magia, místicos símbolos de alquimista.
Quiso la hermosa, hacerse inmortal al ofrecer en hecatombe su completa humanidad, y el hado castigó tan osado acto, y convirtió la piel y hueso de la criatura, en mágica enciclopedia de amargura. Páginas y páginas han sido tatuadas en su piel, términos perdidos dibujados por todo su cuerpo. Muslos, pies, pecho, rostro y ombligo, con infinitos caracteres sin sentido.
Abatida es por fuerzas invisibles, y son sus penas indivisibles, y purga su pena en otra dimensión y era. La esclavitud de espíritu consiste en encadenar el alma a algo banal, lo mórbido de este deseo, es que corrompe la misma esencia y subconsciente que a nosotros hace humanos, y si somos entonces cómplices de lo mundano, nos convertimos en esclavos…
Aún cuando de sus ojos broten lágrimas perpetuas, y dibujen con veneno los alacranes la piel morena y la hagan palidecer, aún estando atada a la voluntad implacable de lo obscuro, siendo presa eterna de su propia ambición, aún guarda en la oquedad que amenaza a su pecho, vestigios humanos, un corazón…


Me agradan las introducciones que usas. En cuanto al cuerpo, con pocas acciones satisfaces la historia y se siente bien… ya me estoy acostumbrando a las palabras exóticas. ¡Seguí asi!
El estilo de Peter, sobrecargado y a la vez sublime…. Esta historia me deja con algunas dudas, pero prefiero compadecerme de la hechicera, que a pesar de todo aún tiene corazón y siente que su vida se desmorona…