Noviembre, en lo frío de las corrientes de aire que empujan los gigantescos barriletes que alzan vuelo cada Día de Todos los Santos, un hecho peculiar conseguirá dibujarnos una levísima, pero sincera sonrisa. Sólo recordemos que: la ingenuidad de la inocencia consigue exaltar los más nobles sentimientos humanos.
Periódicamente los vástagos de esta tierra de árboles, han ido juntando montón de resmas de periódico para confeccionar, según ellos, el más bello barrilete jamás construido. Día a día trabajan incansablemente, con goma unen las delicadas viguetas que han de dar forma a su esqueleto, y hacen de diarios la piel del papalote. Cada uno dibujole a sus anchas, infantiles epopeyas de las que habían sido héroes. Ya maquillado, le regalan una sonrisa al hexágono de maché, y le dejan descansar porque el día siguiente, ha de emprender glorioso vuelo.
Ya se eleva acariciando con suavísima mano la faz del firmamento, frágil barrilete que en su movimiento remonta al infinito, cúmulo de sueños. Multicolor el etéreo mensajero, viaja atado a hebras de hilo de pesca, mientras son sostenidas éstas, por retozantes críos que esperanzados, buscan rozar las nubes. A menester del alma este infantil portento, desafía valiente al agitado viento y consigue, aunque arduamente, llegar al más allá.
¿Pero qué hace el colorido barrilete en lo blanco de la corte celestial? Escondido tras de un nimbo, solamente observar sigilosamente el cortejo de ánimas de esta metrópoli espiritual. Se enreda a una marmórea columna, que sostiene la cubierta de un ostentoso palacio que se alza frente a él. Y escuchando, aunque levemente, el sonido del cascabel que atado a su cola tiene el cometa, los niños amarran el otro extremo del hilo al tronco de una poderosa ceiba, y emprenden viaje, caminando sobre el frágil hilo que ahora es camino que los conducirá al infinito.
Admirado por la valiente proeza, Eolo amaina su iracundo soplo para que ninguno de los pequeños caiga. Y sin miedo alguno, corren por las delgadas hebras, ascienden emocionados la improvisada escalinata. Y de súbito, la paz que impera en el cielo, es interrumpida por el jolgorio promovido por los infantes. Escuchan atentos los millares de oídos de la urbe, las risas, y observan atónitos a los vivarachos que han subido a buscar su juguete. Corren hacia el pilar al que ha sido aprisionado su compañero.
Las ánimas ataviadas de blanco en torno a la columna han ido juntándose, todas observan en silencio la hazaña que realizan estos valientes mortales. Desatando del pilar el hilo de pesca, los niños consiguen poner en libertad a su compañero. Pero escuchen eso… ¡ovaciones! ¡Los aclaman las almas!… coros angélicos entonan alegremente cánticos de paz.
Sin saberlo así, los pequeños han conseguido revivir en estos entes, sentimientos de verdadera alegría. De la sonrisa dibujada en los labios de los niños, escapando multitud de colores, bañando de infinitos matices el otrora sobrio paisaje. Y renace en el cielo, una sociedad plurilingüe, multiétnica y pluricultural.
Sortilegio de luz y sombra, invadido por millares de festones multicolor, carnaval de buenos deseos en el fondo del alma de un sol naciente. Montándose en las mágicamente agigantadas dimensiones del barrilete, despidiéndose de esta ciudad en las nubes, los niños suavemente descienden a tierra, como plumas.
En tierra todos los mortales observando atónitos, el planear de un gigantesco multicolor; detrás de él, centenar de blancas plumas descendiendo. Tocaron tierra, y volviéronse niños al llegar, tienen alma de cometas, mensajeros del más allá.


En Sumpango se origina esta hermoso arte,
y son una hermosa tradición de nuestro país, y lo lindo de lo que escribiste es que describes un día multicolor, del día de los Santos, pero con las caracteríscas propias de Peter que nos hacen volar como los barriletes.
Encreíble, pero cierto, nunca he podido presenciar esta maravillosa tradición en directo, aunque siempre he querido hacerlo… No hay duda alguna, de que toda nuestra cultura esta disfrazada de colorida ingenuidad, que oculta maravillosas muestras de sabiduría milenaria…
¿ Y que me deja el texto escrito por Peter? Una sonrisa, y el deseo de ser tan valiente como esos niños, y recorrer los caminos que hagan falta, para ver de nuevo la sonrisa que tanto añoro, y cobijarme en su abrazo…
Niñas lindas, ¡gracias por leerlo! Mezclas de magia, cosmogonía, mitología, e identidades guatemaltecas… una implícita oda a esta tierra de árboles…