Desenterrando recuerdos te das cuenta de que en realidad, no eres la misma persona que quisiste ser hace tiempo. Un poco sicótico, ¡qué poco apremiante tener vacíos en el ser!, corazones rellenos de felpa y saudades, pragmáticos practicantes del distante y no indistinto placer.
Que el opio de la sociedad es la soledad por la que vagamos. ¿Y qué acaso no amamos a los demás como a nuestros antiguos “nosotros”? ¡Qué ironía! A quien le sobre un trozo de corazón, que lo arroje al solitario, ¡eso es ser solidario! Aunque a nuestra lógica le parezca paradójica la sentencia.
En fin, ¿estupefacto o estúpido? No, nada de estupefacientes, atónitos por naturaleza, un mal que por bien no viene pronto, un bien que por mal no se queda. ¿Y la esperanza de cambio? Una realización personal tal vez, otra revolución social es muy poco probable.
¿Quién aboga por el bendito corazón? Aparte de filósofos y poetas, ¿tan complicado es el dejarse llevar por un sentimiento? La corriente de ideas ofusca al más devoto de los fieles, ¡ámate! ¡Ámame! ¡Amémonos!, que el amor no encuentra reflexión sino ímpetu.
Hay quienes alegan ser amnésicos, para expiar su falta de sinceridad, obviemos castigar al culpable, que alguien consciente abogue por su causa, al fin y al cabo el tañer vivificador que transmite el amor es gustoso. Bastimento de rosas en botón, corazones jóvenes que sucumben al llanto, premonición de suicidas por depresión.
Neurosis, mal de masas… amarga congoja que pliega la psiquis. ¿Y los supuestos paladines del subconsciente? ¿Los ansiados aliados? Segando vidas de la mano de la indiferencia, derrumbando sueños, ¿verdad?
Ni amor, ni poder, ni crisis, mera fatalidad, divina majestad. Si la faz de Vida se ha tornado tan lívida, ¿qué excusa existe para fomentar la esperanza? ¿Vale la pena la espera? En síntesis, ¿qué faz tiene un vacío? ¿Acaso muerte? ¿Tal vez amor? ¿Por qué oculta su cara?
Que extraño que todo acabe con un beso, un beso carcinógeno nacarado de escarlata, silueta de labial en la mejilla de un cadáver, ¡todo acaba con un beso! ¡Qué ironía!… un beso exangüe, voluntad del hado que tímidamente, te encierra entre paréntesis.


A quien le sobre un trozo de corazón que me de un poco. Fatalista pero con una gota de esperanza.