Septiembre ya… el tiempo se pasa en un suspiro. Me como las uñas oyendo el tictac incesante de aquel viejo reloj. Hay en la atmósfera una extraña sensación de soledad, en cuyos brazos, descansa mi espíritu. Estoy varado en la nada, observando el Apocalipsis, de la mano de un gurú que no conozco. Le pregunto cuál es su nombre, y me responde: “Busca en tu corazón, el fondo es puro, he ahí donde yace la respuesta a tu interrogante”. Después de decirme esto, desaparece, y me quedo varado en la obscuridad.
¿Cómo he de llegar al fondo de mi corazón? No le entiendo al extraño individuo, y me frustro. De pronto, el espacio adquiere un tinte sangre, y de su centro brota un pequeño carbón todavía ardiendo.
-¿Quién eres?_ le pregunto sorprendido.
-Te conozco más de lo que tú te imaginas…_ responde.
-¿Cómo es eso posible? ¡Es la primera vez que te veo!_ replico.
-No, no es así… me conoces, y me amas… mas yo te desprecio…_ y se esfuma, el cielo se torna nuboso y opaco, melancólico.
Esto me pinta cada vez más raro, ¿qué está pasando? ¿Y ahora comienza a llover? Lo extraño de esta lluvia es que hiela los huesos, y se siente frío el corazón, casi duro. Se forma un charco que flota en el aire, parece una especie de espejo. Casi al instante, cuando la masa líquida se concentra, termina de llover. Lo único que alcanzo a observar en ese mágico espejo recién formado, es mi reflejo, aunque distorsionado… ¡parece que tengo los ojos cristalizados! ¡Inmóviles!… luego, mi reflejo comienza a hablarme:
-¿Por qué te sorprendes? El espejo no miente.
-¿Qué pasa con todo esto?_ pregunto.
-Nada de nada, a veces un poco de todo… si poco preguntas, poco respondo…
-¿Qué propones?_ pregunto intrigado.
-Que a través de mí conozcas este mundo y lo que pasa dentro de ti. Para ello es necesario renunciar al concepto de cuerpo, y concentrarse en la psique, que es el centro de la vida.
-¿Cómo puedo engañarme a mí mismo y difuminar ese sentido que yace enraizado a mí?_ digo.
-Tú mismo planteas la solución, que no existe el “yo” en este plano…
-¿El “yo”?
-¡Exacto! No existo “yo”… _ exclama.
-No puedo, no debo… ¡no sé qué hacer!_ exclamo confundido.
-…yo mismo no existo, eres sólo tú…
-No soy, no siento, yo me reflejo en ti, que eres espejo mío.
-Un reflejo, un espejo…
-¡Reflejo en el espejo!_ exclamo, y se me revelan las profundas verdades de este infinito.
- El gurú, era la figura del amor, al cual siempre añoré, pero nunca busqué dentro mío… ¡tan cerca y tan lejos!
- El segundo, el carbón ardiendo, la ira que poco a poco me consumía sin siquiera figurármelo.
- El espejo de lluvia, mi austera y solitaria alma, que resultó tener voluntad propia, y me reveló que tanto necesitaba de mí… como yo de ella.
Pero, ¿por qué septiembre? Casos, cosas que pasan extrañamente, al dormir… ardid de Morfeo, el sueño…


Me gusta mucho el mensaje, o tal vez tengo que decirle descripción, lo cierto es que tienes razón: tenemos que buscar dentro de nosotros mismos para descubrir las soluciones a nuestros problemas, solo nosotros podemos controlar nuestra vida y nuestro destino, para ello hace falta aprender a dominar la mente, y buscar más allá…
Interesante…
Señorita Ana, agradezco que se haya tomado el tiempo para leer esta locura. Me satisface grandemente el saber que compartimos el mismo punto de vista en torno a este tema en particular.
¿Cuándo publica de nuevo? Estoy ansioso por leerle…
Muy buena descripción del entorno de una vida, me lo imagine como un cortometraje jajaj bueno mi mente vuela y muy alto siempre, algunas veces evadimos el espejo físico porque allí se refleja el espejo del alma.