¿Qué caso tiene entregar el corazón completo a quien no se lo merece? ¡Cierto! No somos ningunos videntes para andar evidenciando prematuramente épocas que Dios nos tiene ocultas. ¿En dónde reside la neurona que corrompe a la conciencia y la hace una tirana implacable? Entablaríamos una lucha sin fin en contra de algún ya establecido psicoanálisis que de por sí ya está obsoleto.
¡Qué cosas! El hombre hiere a su propia raza, se arranca la piel, se descorazona, viaja en el tiempo y se desvanece en túneles colmados de dolo. Dominamos una agencia de esclavos, somos gerentes de una línea que vende torturas, somos jugueteros dementes que condenan los buenos momentos de infancia. Cada uno en su interior, maneja un despotismo increíble, ¡nos suicidamos ya hartos de tantas autocríticas! ¿Y acaso tiene nombre la maldita enfermedad? Depresión.
Es un solvente que destiñe los matices pastel de una vida relativamente alegre. Es un ácido tóxico que cuartea la esencia misma del espíritu, es también un virus que infecta el corazón. Es un arduo y tortuoso camino que debemos andar… es un exilio temporal, que desafía al tiempo y al espacio simultáneamente. Pero, ¡basta ya! No tiene sentido el remembrar melancólicas noches en desvelo, vale más enterrar los cadáveres de ayer, olvidando el desamor que censura.
Mejor enlistémonos en la lucha por concebir una sociedad más justa, que no admita crueldades de alma ni de corazón. Para entender qué nos dicen las lágrimas, no hace falta ser oculistas, debemos abrir el corazón y dejar que ahonden mustias el pericardio. ¡Veto al cinismo! ¡Veto a la venganza desvergonzada! Ojalá no se permita el uso de anfetaminas para calmarle la rabia a los zurcidos corazones, si no, alucinados podrían caer en la cuenta de que todo es un fraude, y sólo arruinándose el juicio, pueden levantarse de nuevo y decirle “no” a los villanos.
¡Que una dosis de locura es buena! No sé por qué diablos le llamaron genialidad en otros hombres. Todos somos locos, todos genios, todos poetas y atroces revolucionarios. ¿Quién se cree dueño de la realidad absoluta que ondula frente a tu mirada? ¿Quién tiene el derecho de apagarte de un soplo la llama de la vida? No creas imposible el razonar con sanguinarios, ofréceles una onza de esperanza, te regalarán un escudo de autoestima. Aboga por una causa noble, y la justicia te iluminará desde la nuca hasta la punta de los pies. Es así como los héroes se dan a conocer, y las constelaciones crean una vacante en el espacio infinitesimal, para albergar a un nuevo cosmonauta.
Así como el agua fluye plácida en las riberas, deja que el amor toque cada uno de tus sentidos. No trates de embotellarte el alma ni de venderla, que los piratas saben cuánto le costó el nacer.
¡Abre los ojos, ciego! Para observar de nuevo y amar más sinceramente, porque… ojos que no ven, corazón que no siente.
