¿Sosegado? No, taciturno. Arrastrando a mis espaldas, el pasado negro que me carcome el alma. Perdiendo la esperanza con cada paso, cada minuto que pasa me acerca más al inminente fin de mi existencia. No comprendo cómo ni cuándo me percaté de que el sentido de mi vida no era más que un cuerpo frío, sofocado entre tanto cliché barato, segregado, herido.
Todos los sueños que soñé, envueltos entre sábanas encenizadas, de la mano de mis caprichos, aunados al deseo de verla… verla, tan sólo un instante más. Que como cuando creías comprender, querías creer que el motivo no es comprensible, sensatez es sin sentido, añorar ya una salida.
Pesadillas que se cuelan entre cada neurona y paralizan al inconsciente. Dormitar es dominar la irrealidad, alimentarse de quimeras, aventurarse a buscar carne y oro. Soñar volar, angelizarse y no endemoniarse, confesarse.
Evangelista, no marxista… capital, me suena mal. Capitalismo, sincretismo del cinismo. Embotellar vida, prefabricar humanidad, desconocer maternidad. Aborto inducido, ¿culpa resquebrajada? O ¿abuso de autoridad? Violación a la concepción, atentado contra la vida, callejón sin salida. Hecho culposo, existir deshonroso, culpa… culpa… ¿moral?, consciencia torcida.
No va al caso, tener de su corazón un retazo, ¿no sabes si te ama?… Comprendes que es un fracaso, olvidaste atormentarte, te convenciste… ¿no soñaste?
