Estoy envuelto en un maremágnum de confusiones que me transporta al vórtice de un ciclón multifacético, ¿qué hago? Sólo puedo observar en silencio cómo el movimiento giratorio de ese torbellino arranca de raíz los pocos momentos felices que fugaces pasan volando frente a mis ojos.
Atormentado en esta tormenta de incertidumbre me enfrasco en una paranoia poco usual, ¿esto por qué? Muy dentro de mi mente, debajo de demencias y cuadros clínicos de psicosis, una duda me taladra el equilirio: “¿qué pasa en ese corazón?”. La confusión que le invade me contunde grandemente y me hace ingresar en los dominios de la obscuridad, una que nubla razón y corazón.
A través de mis ojos ingresan imágenes torcidas de la realidad, mi mente las procesa y concibe una dimensión malformada, donde soy súbdito de las emociones, soy el títere de mi suconsciente. Me es imposible el dominar ese estado mental, ¿cómo le puedo apagar?
¡Abre los ojos! ¿Qué ves? Sólo un espacio que se extiende hasta lo imposible, una dimensión color blanco, una ventana a lo que en realidad habita dentro mío… un purísimo vacío… no hay nada, nada dentro, sólo una imagen mía… ¿quién soy yo? He puesto en tela de duda hasta mi propia identidad, ¿amnesia? Me estoy perdiendo…
Debajo de este pecho yace un malestar cardiovascular, como si de pronto hubiesen tomado esa bomba sanguínea entre un par de manos y le estrujasen con un sadismo increíble… me estoy perdiendo… me voy muriendo… mi mente no me ayuda, ¿seré una ánonima duda?
Necesito comprensión, no culpa… no quiero ser una víctima del minotauro que existe en la Creta de mi mente. Sacrificado en aras del amor, ¿a quién agradaré? ¿A Eros, o a Afrodita? Trastornado por mitológicos seres voy vagando sin rumbo, ¿qué voy a hacer con mi corazón?
Atado a la voluntad del destino estoy en una esquina todo callado… me alimento de esperanza, le doy la mano a la suerte y caminamos por bulevares y avenidas que conducen todos al centro de mi corazón. Pero mejor me hago anfibio del llanto, mejor me deshago en lágrimas… llorando lágrimas de sangre.
¡Qué pena! Amarga condena que me encadena al azar… ¿qué pasará? Sólo puedo observar en silencio cómo de súbito se me van abriendo agujeros en el corazón… maldito vudú que convierte al órgano en un colador cardíaco, ese amor sincero se va escapando de mi ser.
Jugaré a que me amas y yo te amo, me dejaré perder en esa locura que me embarga… poco a poco se va cuajando un sentimiento, los ardides no pueden perderlo porque simplemente es verdad… nadie dice nada, se va abriendo la puerta perdida de ese corazón-coraza… la respuesta a esa duda que antes me planteaba yace implícita, escrita en el fondo de ese corazón que extraño…
