Por todas esas veces que creí desfallecer, pensando a cada instante en tu nombre, cortándole las alas a un ejército de mariposas negras. Rezaba a la virgen un rosario, pero mi corazón latía cada vez más lento, y entre latido y latido, los arañazos que tenía en el pecho se abrían más y desangraban todo mi ser. Le contaba mis desdichas a las estrellas, una que otra se apiadaba de mi sufrimiento, y fugaz bajaba a darme una palmadita en la espalda, para reconfortarme.
También por todas esas lágrimas que derramé en la mitad de tu pecho, humedeciéndote el cruel corazón, porque tu amor para mí era un suplicio, pero por lo mismo quedé convertido en mártir. Muy tarde me di cuenta que, aunque entregado a una vida de paz, uno nunca está tranquilo del todo. Porque odiando no se odia, ya que tratando de odiarte, te amaba más.
No me olvido de todos esos besos que alguna vez pensé en darte, y me quedé con la misma esperanza en los labios. Has de saber que besando a alguien creas un nexo de flama inextinguible, por lo menos hasta que alguno de los dos ya no desea continuar alimentando a la cálida llama. Ves que los eslabones de las cadenas se tuercen y rompen, pero yo deseaba un anexo a tu corazón incorruptible.
Recuerda todas las miradas tristes que te daba cuando pasabas a mi lado sin decir nada, ya que en mis ojos se imprimía la desdicha en la cual estaba anclada mi alma. No soportaba ya el tratar de convencerme a mí mismo, de que tú no eras para mí. Y cuando lo pensaba, no podía evitar el derramar la lágrima más fría y sincera.
Por todos los días que soñaba tenerte siempre cerca, y en cambio te alejabas más. Muchas veces intenté acercarme a ti con el corazón abierto de par en par, pero no te interesaba el hecho y te ibas en dirección contraria. Le ponías un alto a mi universo de ilusiones, todas las flores que te daba marchitaban de pronto, y todos los poemas que escribía ardían luego en un fuego azul.
Por las veces que soñé en abrazarte junto a mi alma, y sólo conseguí rozar un viento gélido. Por las veces que tirité de frío, y nunca estuviste para entibiarme el corazón. Creía ser el único que alcanzaba a ver la naturaleza oculta de tu cuerpo y alma. Era una armonía tan perfecta, que hasta la luna se admiraba de tal belleza y luz. Iluminabas los lugares más recónditos de mi infinito.
Recuerdo con tristeza los momentos en que quise tomar tu mano entre la mía, y caminar juntos por alguna avenida. Pero de tu piel, sólo guardo el aroma, porque las caricias se quedaron acompañando a la soledad. Mis entrañas te extrañaban, formabas parte de su ciclo vital. Lo eras todo para mi cuerpo y alma, eras mi oxígeno y mi psique. Mi espacio/tiempo personal, o una probabilidad materializada en mujer.
Ángel de la guarda, ahora que se me acaban poco a poco las fuerzas de mis manos para seguirle escribiendo, concédeme ese último esfuerzo para elevar a Dios una plegaria, y de paso un mensaje para mi amada: “Cuando de este mundo baje al infierno por mi pecado, pueda llevar conmigo dos objetos terrenales. Un crucifijo para sanarme la fe, y una foto tuya, mujer… para nunca olvidarte.”

Peter… este me lo mostró el año pasado la figu… y me gustó mucho… me hiciste llorar.
Me encantó! Si ya lo había leido y me sentí tan identificada porque a pesar de que cuando me lo enseñaste fue hace mucho ya había pasado aquello que te conté la otra noche entre lágrimas cuando me llamaste… Aún al leerlo pienso en eso, pero ya que…
Independientemente de eso me fascina esta prosa!!
Figu linda, no pensés en la cicatriz… pensá en el factor coagulante… jajaja, date una nueva oportunidad… ¡te quiero mucho!
Peter tiene mucha razon Brujota…perdon por entrometerme por aquí. Sonrisita
Aaah! soy la Bruja más vieja
jeje!!
Mmm.. yo también a pesar de que si sea triste lo encuentro muy lindo…