Tengo una leve sensación de estarme convirtiendo en un barato estereotipo de amante revolucionario. No alcanzo a encontrar una felicidad duradera, ni me enternezco ahora que recuerdo aquellas ganas de besarte. No me arriesgo a asestarle el último golpe a este mi amor inconcluso. No quiero buscarte entre recuerdos ahora que te marchas, ni tengo fuerzas para llorarte por las noches. No quiero desequilibrar la supuesta tranquilidad de la que somos cómplices.
Hay veces, que en el silencio pareciera que escucho más cosas de las que en realidad escucho. Hay veces, que en la oscuridad observo más espectros de los que en realidad observo. Si todo esto fuera una mentira, ¿dolería acaso? ¿Llorarías por lástima? ¿Me odiarías un poco?
Por momentos, doy a entender más de lo que en realidad digo. ¿Qué acaso no escuchas como late mi corazón? La verdad, nunca he puesto empeño en que consideres quedarte a mi lado, porque, sé que no serías completamente feliz. ¿Me tomas en serio? ¿Por qué crees que te miento cuando te digo que te quiero? ¿Son acaso tus heridas sin sanar que todavía se abren de par en par, las que te inhiben de profesarme algún tipo de amor?
No trates de martirizarte y menos de santificarte ahora que te digo que por ti muero. Tú como yo eres culpable. Culpable de hipnotizarme la mirada con ese par de obsidianas oculares. ¿Por qué me dejas estar tan cerca de ti? ¿Será que una seducción yace escondida entre los pálidos matices de este pobre cariño?
¡Qué incapaz me he vuelto de sonreírle al mundo! Mis párpados ahora como lápidas, apesadumbrados y sepulcrales. ¿Cómo hacer florecer una mística realidad en tierras áridas? ¿Cómo despertar la incandescencia de un amor en tu contrito corazón? ¿Cómo olvidar tu respirar si siempre lo sentí cerca de mi cuello?
Tantas sendas por caminar, tantos dolos por sortear. Un postrer suspiro que se escapa de mis pulmones, un susurro que lleva el color de tu nombre. ¿Qué sigues y no persigues? De tantos amores fuiste intérprete, toda una femme fatale. Aprendiste a masacrar admiradores; te enseñaron a esclarecer pérfidos amores… pero nunca escuchaste a este necio mercenario.
¿Cómo acallar esas ansias de abrazarte el cuerpo y de no dejarte ir? ¿Cómo confesarte que cuando lloras dentro mío se amainan los candados que encierran al descorazonado kamikaze? Desearía postergar la corta vida que le han vaticinado a mi cordura, locura que raya con ternura.
Parapléjica la paradoja se halla descifrada: teniéndote cerca, no te tengo; extrañándote allá, te necesito.

