Primero, me disculpo por lo absurdo del título, pero como ustedes. comprenderán, es la una de la mañana y a pesar de mi buen humor no estoy de buen humor para pensar en uno mejor… les pinto la escena (sin ánimo de agredir a quien se pudiese sentir o sintiese agredido):
Es la semana final de mis vacaciones, viernes, me despiertan a cinco y treinta en puntito de la mañana para preguntarme a qué hora pensaba levantarme hoy, luego de una noche de innecesario desvelo. Como se podrán imaginar, muy felizmente me levanté a desayunar. Un par de horas más tarde me atravesé toda la ciudad para firmar y hacerme acreedor a una playera (que no había de mi talla), para participar como “voluntario” en un congreso la semana entrante. Por supuesto que lo de la playera era excusa para hacernos llegar y ponernos a llenar bolsitas para los participantes del congreso.
Viajo de regreso a mi casa y digo “viajo” porque no sé qué verbo emplear en caso de atravesar mares de agua, tierra y basura bajo lluvia y granizo del tamaño del puño de King Kong. En el camino, a sabiendas de la visita de la parte ácida de mi familia a mi hogar, recibo la llamada de una amiga pidiéndome un favor… al fin una luz para escapar.
Entro a mi domicilio y a falta de animales para cazar abro dos latas de atún. Empiezo a comer cuando me doy cuenta de que olvidé la playera en el lugar de las firmas. No me importa. Mañana me robo una. A éstas alturas ya no me importa. Tal vez hasta encuentre una que me quede mejor. Me dispongo a salir con mi amiga, no sin antes darme cuenta de que mi vehículo anda sobre tres llantas… problema. Problema resuelto. La acompaño y al regresar resulta que en mi familia de sólo mujeres, el pavor a las ratas es el común denominador y que casualmente hay una atrapada en algún lugar entre la estufa y la pared de la cocina. Cuatro mil ciento cincuenta y cinco días (poco más de once años) viviendo donde vivo y casualmente HOY aparece el primer individuo orejudo. ¡Ahora sí hay algo que cazar!
No me importó… no me podía importar… ¿Por qué pasé dos horas de mi vida negociando con algo tan pequeño? Me importó. Me tuvo que importar más que las doce voces y gritos de mujeres pidiéndome que por favor la sacara. Hasta tuve que servir la comida de un agregado (entiéndase no invitado por mí) a las nueve de la noche porque quien lo trajo no se atrevía a entrar a la cocina todavía.
Finalmente abrí mi correo. ¿La tarea es para mañana…? Problema. Problema resuelto. Recuerdo mi tema; recuero la página del texto; en internet están los requisitos. Introducción, cuerpo, conclusiones, bibliografía… no hay problema. ¿Cinco páginas de cuerpo…? No me importa. ¿Por qué habría de importarme? Abro el texto, encuentro el título de mi tema… ¿un párrafo? Problema. ¿Cómo hostias pretende el tipo que prepare un reporte de 8 páginas en base a un párrafo…? Entonces surgieron a la luz de nuevo mis recuerdos reprimidos cuando en un pasado oscuro y vil de mi infancia me encontraba encerrado en preguntas y no había puesto atención en clase y debía hallar mi camino a través de los pasillos de la imaginación y palabrerío para alcanzar esa meta dorada, atesorada, deseada y demás hadas y resurgir con la frente en alto por sobre todas las cosas, en los prósperos días y en los día adversos, velar y aún morir pero triunfar y lograrlo sin que quien me oyese tuviese la más minúscula idea de lo que yo acabara de decir.
Fue así, con las palabras anteriores exactas, que completé la quinta hoja del contenido. Yo sé que el ingeniero tomará su regla, medirá el espacio entre los renglones, el tamaño de la letra y posiblemente cuente las palabras… pero no las leerá. No me importa. Ya no me importa. Al carajo lo que me importe. Es en serio, están ustedes leyendo lo que dentro de unos minutos imprimiré y en algunas horas entregaré como mi trabajo escrito. Sé que hará preguntas, me sé los manuales de memoria. Simplemente no me importa cómo jocotes verdes y mangos con piña esperaba él que hiciera semejante irrealidad. Ya no me importa. Si no me creen, lean las conclusiones y recomendaciones, donde muy elocuentemente no dije absolutamente nada. es un ingeniero, no un literato. Muy ético por cierto, buscará el título conclusiones y recomendaciones y a partir de ahí leerá. No me importa.
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Conclusiones y recomendaciones.
Según lo investigado respecto al desempeño de los motores a gran altura, es importante tener en cuenta los cambios en el entorno y conocer el funcionamiento del equipo e instrumentación en el aerodino en que se está volando. Como piloto y único responsable del desempeño y paradero de la aeronave durante el vuelo, se deben conocer las limitaciones de la misma para saber evitar y en última instancia resolver las crisis que se puedan presentar.
Como se pudo observar en los textos, ya existen precedentes para las aeronaves que viajan a grandes alturas y velocidades, por ello vale la pena prestar atención a su desarrollo y desenvolvimiento en la cultura, así como el funcionamiento de las mismas para tener una idea más clara de los fenómenos y problemas que puedan surgir, para enfrentarlos con una mejor preparación y profesionalismo. En otras palabras, el estudio de los componentes que han marcado diferencias históricas funge como cimiento para el desarrollo y la operación de tecnologías futuras.
Según reseñas históricas y operaciones en la actualidad, el factor humano en la aviación desempeña un papel importante y puede significar un cambio representativo en el desempeño de los motores a grandes alturas, ya que si no se brinda un mantenimiento adecuado a los aparatos, éstos podrían fallar. Por ello se recomienda tener en cuenta al factor humano si se llegase a discernir un declive en el rendimiento operacional en contraste a las indicaciones por el manual de operación del fabricante y tomar las medidas adecuadas en la inspección y probable reparación de dichos elementos.