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Caníbal

Los vacíos, los abandonos, las soledades, todos alienan poco a poco, dispersan la mente, predan con el subconsciente, desmembran toda identidad, producen ausentes. Y vuélvese uno caníbal, merienda corazones, apetece vorazmente la carne y las pieles, y sólo de orgías sacia su hambre desmedida. Pero la constante práctica lasciva va insensibilizando, haciendo al propio espíritu pirar del cuerpo, y así brotan los súcubos e íncubos sociales.

No alquilo amores por miedo a constatar de faz y absoluto, que sale caro el amar soluto, que duele mucho el virtual encuentro, que no satisface la mecánica rutina, que gradualmente el corazón se arruina. Pero busca uno sagazmente el modo de salir avante, pintando el cielo color granate, dejando por doquier la huella escarlata.

Reniego de ser sólo un cuerpo más, un rígido y frío cadáver para disfrute, un autómata preprogramado, un amor desechable. Sabe tú, que no soy paliativo para serenar tus males, pues no tienen mis manos la dosis exacta de morfina que tus heridas tan ferozmente reclaman. Sabe tú, que mi sustancia no alcanza para llenar lo vasto de tu vacío, ni el calor de mi linfa la crudeza de tu frío.

Pero prosigue el demontre con la hecatombe, segando vidas, haciendo réprobos de todos, sentenciándonos al abandono…

Ácido

Lejos de la vista de las metrópolis mundiales, vivo, en un lugar carente de sociedad, saciando la aversión que le tengo a las hordas citadinas. Allá en la esquina de un rincón olvidado me logro guarecer mientras pinto con fluorescencias, fosforescencias e iridiscencias, metáforas surrealistas de lo que constituye para mí el inframundo humano.

Repto entre bolígrafos sin tinta y cuadernos que se escriben solos, a veces logro verme reflejado en el fondo bruno de una taza de latón con café frío, pinto caótico, desgreñado, tantas veces triste, evidenciando lo deplorable de mi soledad infinita, evidenciando los efectos del olvido del mundo sobre uno, sacando a relucir los efectos del tiempo sobre el cuero. En los trozos esparcidos de un espejo roto veo distorsionado el fondo de mis ojos, descubro así lo desértico de sus paisajes, y veo que ya no quedan más oasis, todos desecaron después de tanto llanto.

Soy jurado enemigo del maldito pudiente, y vecino del sucio pedigüeño a la sombra del inclemente. Aquí, desde la otredad, logro entender el mecanismo de control de masas tan cínicamente ejercido en las altas esferas de esta doliente civilización, misma que ha transformado el panorama y le ha hecho ilustre matadero.

Búscole el por qué a la cotidianidad de una existencia mecánica, semioculto entre dilemas, falacias y demás problemas, consciente de que el mundo luego de contener harta mierda, tarde o temprano explotará.

Gusto por el Silencio

Estaba allí, sentada y con la vista perdida. Parecía que examinaba cada rasgo de la pared, cada mancha, cada grieta, cada historia escondida. Distante, absolutamente alejada.

Las personas que se encontraban en la misma habitación paseaban y reían ruidosamente entre ellas, lo único que sentían de aquella extraña, era el calor que su cuerpo emanaba.

¿Qué hacía allí? ¿Acaso la conocían? Todos la veían, todos mostraban curiosidad, todos tenían las mismas dudas; sin embargo, nadie las presentaba, nadie comentaba, nadie veía más allá de lo que querían ver.

Las damas se pavoneaban elegantes y sutiles haciendo gala de sus mejores atuendos. Ella seguía allí, inmóvil, su vientre se contraía cada cinco segundos a causa de su respiración; ese vientre cubierto por un vestido negro, floreado con impresiones de tulipanes. Vestimenta algo descolorida, uno que otro hilo colgando, y ¿Esos tulipanes? Parecían marchitarse, en parte por el evidente desgaste de la ropa, en parte por la nostalgia que reflejaba su mirada. 

La mano sobre la frente, una frente con aspecto pegajoso debido al sudor seco;  las rodillas presionadas entre ellas dejando entre los pies un enorme espacio (pose que exhibía cierta incomodidad), codo sobre el descanso del sillón, pelo suelto extremadamente lacio dejando expuestas algunas canas. La vida pasó por ella, pero ella no pasó por la vida.

 Un mundo a su alrededor, y ella seguía siendo su propio universo. Un ambiente ruidoso, olvidando aquel gusto oculto que sentía por el silencio. Esa fémina que llevaba el pasado a tuto, no estaba consciente que de sus ojos brotaban estrellas y que de sus exhalaciones se desprendían claves de sol.

 

081009

Bécquer

En una ocasión me preguntaste:

-¿Qué es la poesía?

¿Te acuerdas? No sé a que propósito había yo hablado algunos momentos antes de mi pasión por ella.

-¿Qué es la poesía?- me dijiste…

Ella le preguntó a él que es la poesía, el tartamudeo, deliberó, dejó que su mente divagará entre explicaciones absurdas, y al final decidió que la poesía era ella, tan gran era el amor que sentía por ella que se atrevió a compararla con su gran pasión, tanto así la amaba, y tanto así te amo yo, que busco entre los versos de este enamorado, palabras para traducir cada uno de mis sentimientos.

Estoy segura de que la vio a los ojos, a sus pupilas azules como el cielo de la noche,  así contemplo yo tus ojos, guardianes de grandes misterios. Por ella Becquer prometió grandes hazañas, por ella cambiaría su vida, por velar su sueño arriesgaría los suyos, él por ella y yo por él.

Cuando se clavan tus ojos en un invisible objeto, y tus labios ilumina de una sonrisa el reflejo; por leer sobre tu frente el callado pensamiento que pasa como la nube del mar sobre el ancho espejo, diera, alma mía, cuanto deseo:  La fama, el oro, la gloria, el genio.

Si este último verso fuera mió, si fuera para ti, describiría mis deseos, describiría mis anhelos. Becquer no se hubiera enamorado de ella ¿en donde habrían quedado estos versos? Si su amor imposible no hubiera existido, ¿Quién habría escrito estos versos?

Tú eras es huracán, y yo la alta

Torre  que desafía su poder

¡Tenías que estrellarte o abatirme!…

¡No pudo ser!

No podrá ser….

Sueña

Oh habla alma mía,
ven y dime lo que quiero oír,
aunque sea solo una mentira
que me permita de la verdad huir.
Enjuaga lentamente mi apatía,
en el manantial de lo surreal,
y corea esa dulce melodía
que pinta el horizonte de matiz boreal.
Aunque materialice la utopía…
sin de mi mismo poder escapar…

Que tus ninfas acaricien el arpa celestial
para que mí sentido permaneciendo dormido,
mis lógicas rayando en lo sobrenatural,
Y el recuento de mis genios perdidos,
sean temporales
Aunque no exista lo material….

Sueña, sueña que sueña
mientras cae poesía vertical
en el texto que de a poco se adueña
de la curiosidad del triste mortal.

Deseos

Música mezclada con café, café mezclado con música, vino y viento, viento de noviembre, suave y cálido y de fondo el sol casi moribundo, más vivo que nunca; la naturaleza que no falla y llena de sutileza un momento tan tenso, la naturaleza no falla y le ha regalado esos ojos tan expresivos, tan expresivos que puedo leer a través de las barreras que le pone a sus sentimientos. Él y los deseos, él y mis deseos, la naturaleza y sus reparos, yo y mis reparos. Si los latidos de mi corazón no se confundieran con los sonidos, y si lo imposible se volviera sublime, si pudiera refugiarme entre tus brazos, sin miedo, y abandonarme al sentimiento, sentir tu aroma más cerca, y tu piel rozando la mía, refugiarme en tus caricias, y olvidar….

Quimera (primera parte)

Adianis es una niña de catorce años que vivía en Centro América, Guatemala. Siempre muy estudiosa, callada, con una fuerte personalidad, intuitiva, curiosa y activa, practicaba todo deporte que pudiese, vivía con su madre, Danae que trabajaba todo el día para poder darle lo que necesitase a su hija; su padre las había abandonado al enterarse de las ultimas noticas de su pareja, en las cuales no quería formar parte.

Para Adianis no era un tema de tanta importancia, se enfocaba en lo suyo: estudiar, obedecer a su madre y ayudarla con el que hacer en casa, y el tiempo libre lo disfrutaba haciendo deporte. En la escuela era callada, amable y no le interesaba ser el centro de atención.

Esa mañana, todo marchaba como de costumbre, el despertador que estaba al lado de su cama en una pequeña mesa de noche junto a una pequeña lámpara con forma de una margarita color naranja que le había regalado su abuela, sonó. Adianis medio adormitada se levantaba, acomodaba de nuevo las sabanas que la tapaban y se ponía sus pantuflas rosadas, se dirigía al baño a tomar una ducha, al salir encendía la radio y mientras se vestía, cantaba las canciones de moda; se ponía su falda marrón, su blusa blanca de seis botones al frente, el sudadero marrón con el escudo de su escuela a la izquierda, sus calcetas bajas, blancas a los tobillos y sus zapatos combinados con el color del sudadero. Ya lista bajaba para desayunar, como era habitual su madre le dejaba el desayuno preparado antes de irse al trabajo, para cuando ella bajaba estaba todavía caliente con ese humito de recién hecho. Le encantaba aquella rutina puesto que su madre que trabajaba tanto, no compartían tanto tiempo y era una forma de decir: -Buenos Días mi preciosa-. El aroma del perfume de su madre quedaba en el ambiente y Adianis disfrutaba de aquello cada mañana como si fuese un beso o un abrazo; se apresuraba para cepillarse el cabello y los dientes, se ponía un listón en el cabello largo, ondulado y castaño con el flequillo a un lado y se disponía para otro día de estudio. El bus ya la esperaba, se subió y se dirigió a la escuela.

Todo transcurrió como siempre; desde las siete de la mañana hasta las tres de la tarde. Era ya la hora de salida, Adianis se dirigía hacia los buses cuando un chico la detuvo. -¿Qué hora tienes?- le pregunto ella solo pudo responder dudosa: – Son las tres y cuarto-. Gracias dijo el chico y se marcho. Para cuando ella reconoció al muchacho, ella instintivamente ya estaba en el asiento del bus; en el transcurso de la escuela a su casa dio quien era y se dijo Paul… El chico jamás le había prestado atención y ella sentía una extraña atracción hacia el pero nunca estuvo determinada a querer entablar una relación con él o tan siquiera hablarle.

Adianis se consideraba una niña muy diferente a las demás, no es muy dada a ir a fiestas o ir a reuniones por la tarde con sus amigas, prefería hacer cualquier deporte o leer un buen libro sobre criaturas mágicas; de vez en cuando invitaba a dos de sus amigas a casa, Anahe y Naria. Hacían las tareas por la tarde para luego con una merienda ver una película.

 

En el bus Adianis pensaba cuando: Tiempo atrás, cuando tenía apenas nueve años se había desmayado; nadie sabía excepto ella que de alguna forma había pasado algo extraño con su apariencia externa y al percatarse ella de esto se había desmayado, su madre había escuchado su caída que corrió a verla, la había encontrado a los pies de la cama tumbada en el suelo como si se hubiese caído de la misma, al despertarse su madre estaba a su lado; fue un desmayo común y corriente causado tal vez por estrés o cansancio, en todo caso –a todos nos pasa-. Le dijo.

Al bajarse del bus se despidio de sus dos amigas, camino por el césped de su casa y se dirigio a la cocina, tenía tanta sed que fue en lo único en que pensó desde que llega, zaceo su necesidad y noto algo extraño en el ambiente. – ¡Mamá!- grito pero no obtiene respuesta. De repente suena el timbre de la casa y se apresura para averiguar quién está en la puerta. Es su abuela y parece preocupada. – ¿Qué pasa abuela?-. Pudo decir. –Tienes que sentarte niña- le contesto. Adianis intuía que algo andaba mal, obedeció a su abuela y caminaron hacia la cocina, mientras lo hacían lo único en que pudo pensar es en que las noticias que trae su abuela tienen que ver con su madre y por la expresión en la cara de su abuela no son muy buenas. Se sentaron, el vaso de agua todavía esta medio lleno, su abuela lo movio hacia el centro de la mesa cuadrada de madera,  tomo las manos de Adianis con firmeza pero con dulzura y dijo:

-Tu madre, dijo. Cuando Adianis escucha estas primeras palabras lo sabe y sus ojos se ponen un poco brillosos. …Tu madre continúo: tuvo un accidente -Adianis solo podía esperar a oír lo que venía-. Un accidente camino aquí hija, un joven se paso una luz roja y golpeo a tu madre por el costado de su auto en el área del copiloto, por la velocidad que llevaba el joven tu madre dio vueltas y quedo atrapada en la carrocería del auto; se que lo que acabas de oír es fuerte pero necesito que seas aun mas fuerte pues ella sigue consiente de alguna forma y ha pedido verte, no sé cómo pero… – los ojos se le llenaron de lágrimas.-continuo- …tenemos que irnos. Adianis no pudo más, temblaba como una hoja y se echo a llorar mientras va en camino abrazada cariñosamente por su abuela, las dos iban destrozadas pero había que ser fuertes decía la abuela, Adianis solo la escucho.

Llegan al lugar del accidente, cuando bajan del automóvil se pudo observar claramente que ha sido grave, hay pedazos de carrocería y los restos de lo que había sido el vidrio frontal. La madre de Adianis se encuentra atrapada entre la carrocería y un poste de luz, que se había doblado y había caído encima del auto en ese mismo lugar a causa del impacto. El cuerpo está en el asiento del piloto, la madre auxiliada por los paramédicos que habían hecho su mejor esfuerzo por hacer que fuera un poco mas cómodo y no quedara expuesta al pavimento y los vidrios entre estos y ella pusieron una manta, de la cintura hacia arriba. Estaba todavía sentada y su cuerpo salía un poco, lo poco que pudieron hacer. Adianis corrió hasta ella y se acostó a su lado.

-¡Mamá! ¡Mamá!- pudo decir, mientras las lágrimas no dejaban de brotarle de sus ojos ya enrojecidos.

-Adianis…- dijo con cierta dulzura pero con tristeza. –Hija tienes que ser fuerte. Por el momento no siento mucho; pero quiero que sepas que te amo mucho y que siempre te cuidare desde donde este, siempre me llevaras contigo, no me perderás…- no pudo terminar pues Adianis interrumpió diciéndole: ¡No me dejes Mami, no todavía, te necesito! ¡Te necesito, por favor!-. Danae la interrumpió tomándole la mano para tranquilizarla y hacerla callar con ternura. –Tienes que escucharme. Tendrás que elegir mi vida; pero no dejes que tu mente sea la que guie, a tu corazón siempre debes escuchar y dejarte llevar. Adianis mi niña llena de luz divina…en ti esta la solución de Quimera…Busca en ti y encontraras tu forma…Recuerda que seré tu ángel, quiebra todas las reglas que conozcas, mírame mi niña de luz divina, no necesitas mas. Sé que no dudaras si escuchas…El mundo no es lo que es, toma el riesgo. Confía en ti. Me llevaras contigo aunque mi cuerpo no esté en tierra. Eres mi maravilla…-. Fue su última frase… su último aliento…Aquellas palabras Adianis las recordaría  siempre pero al momento no les entendía…

 

No entendía como había llegado a aquel lugar, lo único que recordaba era la playa, unas criaturas majestuosas, intimidantes pero hermosas. Sus recuerdos eran borrosos, su vista era nublosa y apenas pudo mantenerse medio consiente por cinco segundos hasta que desmayo de nuevo. Despertó, en Vargo. La examinaron, la veían como algo insignificante, extraño y sin duda una criatura que no era un dragón y mucho menos de su mundo; lo único que pudieron observar era que la criatura era de sexo femenino.

Sin duda alguna era un lugar exorbitante; no había más que un continente, ocupaba casi la mitad del globo, Quimera era un lugar con grandes extensiones, montañas que abarcaban casi todo el continente, por no ser que toda la orilla del este era una playa gigante, hacia el sur estaba Ferzian la montaña de los dragones negro, la montaña del hielo; hacia el oeste estaba Carkien; hacia el norte se encontraba Tultlian, en el centro se encontraba Pathian, al lado de Tultlian se encontraba Vargo la montaña de los viejos, sabios dragones, tenían un color bronce era significativo de su vejez.. Cinco montañas que tenían tantas criaturas posibles e inimaginables, la vegetación era una locura, con flores de todos los colores, tamaños y formas, la vegetación era extensa desde arboles de más de cien metros de altura, hasta los más pequeños que median tan solo diez centímetros. Tantos frutos, de seguro muy extraños para la tierra una rareza,  eran demasiado grandes y otros demasiado pequeños para que un humano pudiese comerlos; tendría que ser habitado por una serie de criaturas de diversas dimensiones. Lo llamaban el continente de los dragones.

Las ideas y el cine

Hay pequeños instantes en tu vida en los cuales sentís que todo es posible, momentos en los que parecieras tener control sobre un universo del que antes sólo eras testigo, y abrís bien los ojos a todo eso que se te presenta presto a tu curiosidad y extendés las manos queriendo tomar algunas de esas efigies. Llegás a un punto en el que te embriagás de tanta idea e imagen contemplada, que luego querés expresar todos esos sentimientos que te embargan, pero sentís que las palabras por sí solas no alcanzan para pintar todo eso que observaste. Buscás de alguna u otra forma la manera de captar la esencia de las cosas, pero sentís que hay algo que falta, algo que aún no sabés qué es ni cómo funciona.

Hay quienes te dirán que seás realista, que pongás los pies en la tierra y pensés en otras cosas, prácticamente te obligan a renunciar a tus sueños, a ese ideal creativo que poco a poco has ido construyendo. Pero creo que no hay que dejar de soñar nunca, pues hacerlo equivaldría a sumergirse en una existencia insípida, monocromática, triste y mecánica, ¿y dónde está el arte sin la imaginación?

Siento que el tener la oportunidad de expresar de manera tan completa todo lo que has imaginado es algo verdaderamente emocionante. Encuentro semejanza entre el celuloide y una tábula rasa, una hoja en blanco, un lienzo aún virgen esperando ansioso por un influjo creativo que le colme de vida.

Creo que lo curioso, hermoso e interesante del cine es eso, la libertad que te da al permitirte crear una dimensión aparte, un mundo extraño y familiar a la vez, un universo en el que todo es posible ya que vos tenés los pinceles a la mano para darle forma y color a todo lo que allí ha de ocurrir. Podés darle vida a tus pensamientos y mostrárselos al mundo en la historia que vos has imaginado para ellos, o vas tomando un poco de tus vivencias y las compartís así, y sentís que eso te llena: el regalarle al mundo un pedacito de lo que sos y lo que hacés.

Me declaro cinéfilo, disfruto grandemente del séptimo arte, me sumerjo de lleno en las historias que se van desenvolviendo cuidadosamente como un objeto frágil y hermoso. Y aunque confieso también que mi conocimiento en el área no es profundo, tengo la esperanza de algún día conocer todo el proceso que conlleva a la transmutación de una idea en realidad.

Toda película es una historia, y detrás de toda historia hay una miscelánea de gente comprometida con llevarla a su realización. Lo que poca gente aprecia aparte del filme per se, es el difícil trabajo que todo el equipo hace. Pienso que un adecuado equilibrio de factores es lo que conlleva a la satisfactoria plasmación de la historia aludida, al mismo tiempo que un correcto conocimiento de todo el proceso de realización permite una apreciación justa de la obra.

Todo se puede lograr si creés firmemente en ello, de su realización se encargarán en consorcio la creatividad, la mente y el corazón.

No hay más que decir que…

Siempre que necesites de mi yo estaré allí, no hay nada que no haría por ti, déjame decirte que puedes confiar en mi tu corazón está a salvo dentro del mío.

Me he vuelto tu esclavo y no me avergüenza ¿Por qué ocultarlo? … Sin ti puedo pero no quiero, no deseo y me rehúso a vivir, necesito de tu amor como si fuera la misma sangre que ahora corre por mis venas.

Me he enamorado, mi mundo gira a tu alrededor y mi corazón vivía en una coraza hasta que llegaste tu y sin más la abriste, estoy expuesto a tu luz, eres mi salvación, mi ángel y mi amor, debo estar soñando o haciendo lo correcto pues jamás imagine que alguien como tú me amara por lo que soy y nada más. No hay más que decir y si existieran más palabras que un simple “Te amo” las diría.

Jamás te dañaría, jamás te dejaría ir de mi vida, jamás te juzgaría, así que escucha bien mi niña de ensueño: Quiero que quieras estar conmigo y no solo sea costumbre, quiero que quieras nuestro amor para cuidarlo como si fuese una planta vigorosa y llena de vida, quiero que quieras superar todos los obstáculos que se presenten y no acumularlos, quiero que quieras esa pasión en nuestros besos, acariciarnos pero sin faltarnos jamás el respeto.

Me he enamorado y he encontrado lo que jamás imagine, sin buscar y sin pensar, allí estas, tu tan serena y hermosa como la noche que cubre nuestras siluetas; la lluvia moja tu rostro y mis manos estrechan las tuyas y con un movimiento lento acaricio tu rostro, hago que mires a mis ojos y te digo con toda sinceridad, con el corazón abierto, sin secretos… Te amo y con un tierno beso sello el momento de la libertad de mi sentimiento.

Belleza cuántica

Tu belleza es
compleja y enigmática,
tratar de comprenderla
es equiparable quizá
a descubrir la verdad
sobre el mundo cuántico
y darse cuenta
de que en realidad
no se entiende nada

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